viernes, 21 de septiembre de 2007

CECILIA TODD está en Buenos Aires

Cecilia Todd es LA cantante venezolana y nació en Caracas el 4 de Marzo de 1951. Hizo su debut en 1970 como miembro del grupo "Música Experimental Venezolana". Como solista su primera presentación fue en el programa de TV "El Show de Renny Ottolina". En 1972 fue invitada a participar en un encuentro de musica latinoamericana organizado por la Universidad de Carlton, lo que le permitió dar varios concierto en Canadá.

Cecilia es una experta intérprete del cuatro, instrumento con el que se acompaña en muchas de sus presentaciones.

En 1972, llegó aBuenos Aires, como ella dijera, impulsada por quienes luego fueron grandes amigos, Mercedes Sosa y el grupo Buenos Aires 8, permeneciendo en Argentina por tres años, durante los cuales estudió Técnica Vocal con la reconocida Profesora Susana Naidich. (por aquellas épocas en Caracas solo se enseñaba canto lírico). Allí grabó su primer LP, "Pajarillo Verde", junto a Cacho Tirao, Domingo Cura y Horacio Corral, cuando su voz empezaba a formar parte del nuevo cancionero latinoamericano y el diario Clarín la considera como ”la más importante revelación folklórica del año”. “Fueron tres años muy intensos en lo profesional y en lo personal. De esa época conservo muchísimos amigos, la gente de Buenos Aires 8, Hilda Herrera, Mercedes Sosa, gente con la que sigo en relación permanente”, contó la cantante.

A comienzos del 76 junto a Buenos Aires 8 realizan la temporada de verano en Villa Gessell, luego viaja a Caracas donde se radica nuevamente. En Setiembre viaja a México donde canta en el Museo de Arte Contemporáneo y otros auditorios de ese país. Desde esa fecha realiza continuas giras por la provincia venezolana y por Inglaterra, España (donde acompaña a Soledad Bravo en un disco), Finlandia, Nicaragua, Argentina, Cuba, Bolivia, Puerto Rico, Holanda, Francia, Japón, China, USA.

En 1991 se radicó en Tenerife (Islas Canarias), desde donde viaja a España y paises europeos.

En sus numerosas presentaciones ha alternado con figuras como Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Astor Piazzolla, Zimbo Trio, Silvio Rodriguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa y Carlos Cruz-Diez, entre otros.

Pajarillo Verde, es incluído entre los 100 mejores discos del Siglo XX, según el Diario Clarín de Buenos Aires, Argentina (29/12/99)
En contados casos se produce la simbiosis entre el decir netamente popular y el refinado trabajo vocal. Uno de ellos, seguramente, es el de Cecilia Todd, quien se impuso naturalmente un objetivo: dar a conocer la música folklórica y popular de Venezuela, hasta hace escasos años atrás casi desconocida en su propio suelo y en el resto de las naciones Latinoamericanas.

El tipo de repertorio continua la misma línea desde que Cecilia comenzó a cantar: música venezolana exclusivamente. La responsabilidad elegida es la de difundir su música dentro y fuera de Venezuela. El motivo es claro: se trata de un espectro de sonidos ricos y de variados ritmos.

Por estos días, Cecilia nos visita en Buenos Aires y no puedo dejar de compartir con todas y todos su música. No es mucho lo que encontré. Voy a tener que tomarme el trabajo de subir más música de ella a esta internet que la tiene tan descuidada.


Aquí les dejo la última nota que publicó sobre ella Página 12.




Viernes, 21 de Septiembre de 2007

ENTREVISTA A CECILIA TODD

“Por fin la cultura ha tomado la calle”
La venezolana, referente del folklore, le brinda un “apoyo crítico” a Chávez.

“¿Sabes? Yo llegué a este país el mismo día que Perón. Tenía frío y no sabía cómo vestirme”. El 17 de noviembre de 1972, día clave para la liturgia peronista, Cecilia Todd bajaba del avión casi a la misma hora que el General. Pero sola. Apenas con unas alforjas, ciertos sueños y un fin: estudiar técnica vocal. En Caracas, su ciudad cuna, sólo enseñaban canto lírico. “Era muy jovencita y fui conociendo gente del ámbito: Buenos Aires 8, Mercedes Sosa, Huerque Mapu. Latinoamérica bullía en 1973”, recuerda. Su paso por el país duró lo que la esperanza: tres años. En 1976, quien después se transformaría en una de las mayores referentes del folklore venezolano volvió a su tierra pensando en regresar pronto. Pero alguien le aconsejó que no: “Las cosas no están bien allá”, le sugirieron. Todd dejaba Embarazada del viento, su excelente primer disco –que en 1997 sería reeditado como Pajarillo verde– y un tendal de amigos, que jamás la iban a olvidar: literalmente, la adoran. “Yo me pregunto lo mismo, sabes. ¿A qué se debe?”, deja picando.

Este enésimo viaje a Buenos Aires coincide con la presentación de En vivo en Argentina, su último registro discográfico editado por Acqua en el 2004. Una corazonada musical que mezcla sutilmente merengues, zambas y joropos y la encuentra en plena madurez. Su voz, pese a más de treinta años de ajetreo, luce límpida, fresca, como si el tiempo no hubiese cumplido su rol con ella. “Polo margariteño” brilla en su lozanía, “La lavandera” deviene mágica, despojada, ancestral, y la “Zamba del chaguanco” es la máxima expresión del “argentinismo” estampado en su sangre. “La última vez que vine fue en noviembre y ya extrañaba demasiado”, afirma. La cita es doble: hoy y mañana en el septuagenario Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549), donde la Todd estará acompañada por Ezequiel Mantega en piano, Nicolás Rainone en contrabajo y Roberto López en guitarra. “La primera vez que vine sufrí un impacto, siempre ocurre cuando llegás a un país desconocido. Hoy puedo decir que me siento como en casa. Aunque ya me sentía así cuando me tuve que quedar en Venezuela obligada por las circunstancias. Me quedé en al aire, porque no tenía planeado irme definitivamente de este país. Aquí dejé amigos y cosas, y recién volví en 1981. Recuerdo que arrancamos con un espectáculo Marian Farías Gómez, Inés Rinaldi y yo. Fue un recital fuerte. Yo soñaba con regresar y fue linda esa temporada en Mar del Plata, pero el rollo político era muy fuerte.”

–Distinto al de Venezuela, la última dictadura había caído en 1958...

–Un cambio brusco. Yo nunca había vivido una dictadura, porque cuando cayó Pérez Jiménez en Venezuela, era chiquita y confundía las bombas que caían sobre el cuartel San Carlos con fuegos artificiales. Me di cuenta cuando me metieron debajo de las escaleras, mientras los aviones pasaban por arriba de mi casa (risas).

–¿Volvió a vivir en Argentina?

–Temporalmente. Donde sí viví fue en las islas Canarias. Estuve cuatro años allí, pero era muy difícil trabajar. Nadie vive de la música ahí, salvo que hagas música comercial en los hoteles. Entonces regresé a Venezuela.

–¿Y cómo es la Venezuela de Chávez según su óptica?

–Ha cambiado mucho. Y donde más se ha notado es en lo social. Se ha tomado en cuenta a gente que antes ni siquiera se sabía que existía. Tal vez, eso no beneficia a una parte de la sociedad, pero sí a la mayoría en términos de educación, medicina y trabajo. Se está entrenando mucha gente para armar cooperativas: se le enseña un oficio, se le dan créditos y ahí va. Yo soy muy crítica, porque creo que hay que serlo siempre, pero poniendo todo en la balanza creo que da positivo.

–¿Cómo se manifiesta el canto popular frente al gobierno? ¿Hay oposición a Chávez desde la música?

–Yo no conozco. El mundo de la música y de la cultura se expide a favor de él. He visto también que se le ha abierto la puerta de los teatros a gente que jamás había conocido uno. Digo, por fin la cultura ha tomado las calles.

–Pasa lo inverso con los medios de comunicación. La mayoría son opositores. ¿A usted la han silenciado, nota que se le da menos cabida por adherir al gobierno?

–El año pasado celebré mis treinta años de carrera y el evento se cubrió poco. No hubo ninguna crítica al concierto... por ahí me llama alguna radio para entrevistarme, pero no más. ¡Ja! Seguro alguien se va a meter en Internet y van a sacar: ¡Cecilia Todd dijo que los medios en Venezuela manipulan! No es que lo diga yo, los medios manipulan. Es una realidad. Por suerte, ahora está la ley resorte, que obliga a pasar música venezolana en las radios cuando antes era imposible. Eso generó un crecimiento enorme de la actividad musical. No sólo hay que pasar las canciones, sino marcar quién es el compositor, quién el cantante y quién el intérprete. Ahora nos faltan programas de televisión.

–¿Porque no hay o porque nadie quiere que haya?

–No sé. Lo único que salía en TV hasta hace un tiempo eran unos programas maratónicos los sábados, que presentaban a músicos de afuera o cosas muy, muy comerciales. La música como negocio ha acaparado el espacio mediático televisivo, pero por suerte la música como expresión genuina del pueblo explota por otro lado: en las calles, en los teatros y en las plazas. Es un gran paso.

martes, 18 de septiembre de 2007

Las teteras no son pavas

- No somos nada. -dijo el señor octogenario que, impedido de permanecer de pie a causa de su edad, estaba sentado junto al féretro, mientras trataba infructuosamente de enfocar la realidad a través de los culos de botella que llevaba por anteojos. A su lado, una señora (también añosa e igualmente sentada) jugueteaba con sus dedos artríticos y se sonreía mirando a la nada. Tal vez rememorara antiquísismas anécdotas felices con el difunto. Casi en la puerta, unos caballeros muy circunspectos murmuraban que quizá fuera la viuda. Evidentemente no conocían al muerto... ¿Se habrían equivocado de velorio?

A los pies del cajón, un joven cuarentón muy bien puesto, vestido íntegramente de negro, sollozaba casi en silencio. De no haber sido por el pañuelo al cuello (anundado hacia un costado), las pulseras, los collares, por el perfecto bronceado en pleno septiembre, el peinado tan sofisticado, las cejas depiladas y por la base de maquillaje, nadie hubiera dicho que era gay. Cerca de él (aprisionado entre el ataúd y la única corona de flores, que lucía una banda con la leyenda "Tu hermana y tu sobrino"), un señor muy gordo miraba al occiso fijamente y con el ceño fruncido. Usaba bigote y el pelo cortado a lo militar. Parecía policía... quién sabe...

A mi izquierda, los caballeros que ya mencioné habían abordado el comprometido tema de las nominaciones de Gran Hermano. Más allá, una señorita de unos veinticinco años llegaba con una bandeja con café para repartir entre los presentes. Yo pasé: últimamente vengo muy mal con la presión arterial y me tengo que cuidar.

Claro que esta noticia no ayudaba: el difunto no era otro que la Felipa, uno de mis más grandes amigos.

Nos conocíamos desde la época del teatro de revistas, cuando bailábamos en la compañía de Dringue Farías, en el mítico teatro Maipo de la calle Corrientes. Estoy hablando... más o menos... de los años... "sin cuenta", jijijiji.

Lo primero que debe decirse de la Felipa es que era loca.

Loca de arriba y de abajo. De adelante y de atrás (aunque preferentemente de atrás). El mismísimo Paquito Jamandreu se escandalizaba con sus osadías. La Felipa no tenía límites. Desconocía el concepto de recato y no tenía más norte que la satisfacción de su propio culo. Había iniciado sexualmente a más de un galán del jet-set porteño y sus aledaños. Pruebas no hay, pero todo el que conociera a la Felipa sabía que, en su caso, no cabían las exageraciones.

Lo segundo que debe decirse de la Felipa es que, loca y todo, era un amigo de ley.

En un tiempo, sin embargo, estuvimos distanciados por un asunto de polleras. Integrábamos el elenco de una obra llamada "Por atrás entra más fácil" y hacíamos un cuadro de rumba. Los dos nos emperramos en usar la misma falda de volados multicolor. Que sí, que no, que vos esto, que yo aquello... el entuerto lo terminó dirimiendo el productor, quien me consideró el más apto para el atuendo. ¡La Felipa se puso rabiosa! Gritó, pataleó, rompió jarrones de utilería, amenazó con deschavar los secretos sexuales de toda la compañía y, viendo que no obtenía resultados, se fue dando un portazo y no volvió a aparecer por el teatro.

Lo tercero que debe decirse de la Felipa es que tenía un carácter de mierda.

Y más furioso se puso cuando en su reemplazo pusieron a una tal Nélida Lobato, una pendejita que apenas empezaba.

Con la Felipa recién nos reencontramos en los ochenta, en una de las festicholas del Tigre. Si la memoria no me falla, ya les conté de mi pseudo exilio en la isla de Juanito, allá entre el 78 y el 83. La Felipa había sobrevivido en Buenos Aires un tiempo más, haciendo papeluchos que estaban muy por debajo de su talento, pero que le permitían comer sin llamar mucho la atención de los milicos de turno. Eso sí, en el 82 se asustó: un comando paramilitar había amenazado con volar todos los teatros de revistas y con hacer desaparecer a todos los putos. Razones para asustarse no le faltaban: eran épocas para andar con el culo a dos manos y, si de putos se trataba, él era el número uno. Fue en esos tiempos cuando apareció el cadáver de la Vascongada tirada en un descampado de José C. Paz.

La Felipa era una verdadera diva. Pero ni las verdaderas divas pueden contra el paso del tiempo. Él admiraba con santa devoción a Liz Taylor y le habría vendido el alma al diablo para estar forrado en dólares y poder someterse a todas las operaciones que fueran necesarias para mantenerse siempre joven y hermoso. Se la habría vendido si no se la hubiera regalado mucho antes, cuando tomó la decisión de ser quien era sin más vueltas. Así fue como los años pasaron y, cuando quiso darse cuenta, ya estaba viejo, achacoso, solo y alejado de las tablas. Algo que, en general, nos ha pasado a todos.

¡Mirá que tuvo oportunidades de asentar cabeza...! Los tipos más hermosos de aquel Buenos Aires que hoy recuerdo solo en blanco y negro se lo disputaban a capa y espada. Nunca le faltó amante. "El buen sexo es el secreto de mi lozanía" solía decir. Pero era tan loca y tan libre que jamás supo consagrarse a un solo amor y, a fuerza de infidelidades, solo puso serse fiel a sí mismo. La última vez que lo vi (hace poco más de un año), iba del brazo de un pendejo muy bonito.

- Vos sí que no perdés el toque. -le dije con sincera admiración.

- Shhhh... Callate -me respondió risueño- que, cuando se entere de que vivo apenas de mi jubilación, me da una patada en el culo y se las pica.

Así era la Felipa: genio y figura hasta la sepultura.


- Pobre Philippe... Si hasta hace unos días andaba derrochando salud...

El joven de negro se me había acercado y continuaba con su sollozo... aunque ahora que lo tenía cerca no podía descubrirle ni una sola lágrima.

- Ese fue siempre su problema: -le respondí- el derroche.

El joven sonrió.

- Es cierto... y murió en su propia ley: de rodillas, ¡la muy puta!

- ¿Cómo? -me asombré- Su hermana me dijo que sufrió un paro cardiorrespiratorio durante la noche...

- Durante la noche, sí. Pero en el baño de la estación Constitución, mientras se la chupaba a un chongo.

¡Debí haberlo imaginado! ¡Viejo trolo! El zorro pierde el pelo pero no las mañas. Como los elefantes, fue a morir al sitio donde había nacido a su verdadera vida: la tetera (*).

Justo cuando iba a pedirle más detalles, el empleado de pompas fúnebres anunció que ya era hora de despedirnos del difunto. El joven de negro me acarició la mano con cariño sospechoso, me guiñó un ojo y (con gesto de diva de teléfono blanco) se acercó al ataúd, se inclinó sobre "Philippe" y reinició el paso de comedia aun con más mocos y más lágrimas que antes. Al parecer, era la viuda. Hizo tanto aspamento que el gordo policía lo abrazó y lo consoló muy dulcemente. Luego lo acompañó hasta la puerta, tomándolo por los hombros y hablándole al oído para sonsacarle alguna risita.

El viejo de los culos de botella, en tanto, seguía en su silla y cada tanto repetía su "no somos nada". Siempre con el mismo tono y la misma desgana. No se movió de su silla hasta que la chica del café lo ayudó a ponerse de pie y a llegar lentamente hasta el auto que lo llevaría al cementerio.

Fue entonces cuando la señora de los dedos artríticos se me acercó con una sonrisa.

- Usté debe ser don Arturo ¿verdad?

Así la reconocí.

- Yo soy Alcira. -me aclaró- Soy la que lo llamó por teléfono.

Era la hermana de la Felipa, una versión mejorada de mi amigo. De partida, ella no tenía que esforzarse para parecer mujer.

- Antes de irse déjeme por favor su dirección. Mi hermano dejó algo especialmente para usté.

Le di el último adiós a la Felipa y salí de la sala. Como era de prever, el cortejo fúnebre era menos que modesto: apenas dos coches, en uno de los cuales me tocó viajar con el señor de los culos de botellas. Alcira, el joven de negro y el gordo fueron en el otro. Los señores circunspectos no fueron al cementerio.

Durante el entierro no hubo llantos ni rezos. El joven de negro había agotado sus lágrimas y caminaba del brazo del gordo, repentinamente sonriente. Alcira y yo ayudamos al señor de los culos de botella y todos presenciamos cómo cubrían el cajón con tierra, sabiendo que allí abajo quedaba la Felipa.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Esta mañana recibí una caja. La traía un jovencito de parte de Alcira. ¿sería el sobrino que mentaba la corona de flores?

Los viejos del hogar se morían por saber qué había dentro. Pero yo me fui con mi paquete y lo abrí a solas en mi habitación.

La Felipa nunca fue un sentimental ni evidenció jamás demasiadas inquietudes en el orden de lo trascendental. antes bien, hizo de la frivolidad su tarjeta de presentación. Por eso me sorprendió y emocionó tanto su "legado".

Dentro de la caja, envuelto en un paño de terciopelo rosa, había un album de fotos. Lo abrí... y cuál no fue mi sorpresa al encontrarme con cientos de fotografías tomadas en aquella temporada en que nos peleamos por la falda con volados. En la mayoría aparecía yo luciendo la prenda. Además, había una nota escrita con su esmerada y delicada caligrafía de escuela jesuita. La Felipa había escrito: "Si no te hubiera querido siempre tanto, habría quemado esa pollera antes de cedértela"

¡Viejo de mierda! Ponerse sensible justo ahora que ni siquiera puedo darle un abrazo.

Y en el reverso de la nota agregó "Nunca te quiebres. Sé vos mismo hasta el final", con una dirección de corro muy curiosa: grupolosfiesteros@ yahoo.com. ar. ¿Qué me habrá querido decir?

Sea lo que sea, vaya desde aquí mi sentido homenaje a una persona que siempre fue lo que quiso ser. Con toda la dignidad que ese solo hacho encierra.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

(*) No confundir con la cacerola con mango y pico vertedor que se emplea generalmente para calentar agua (en Argentina, la llamamos "pava" y la usamos también para cebar mate). "Tetera" se llama también a cualquier sitio público donde algunos hombre suelen tener sexo con otros hombres, generalmente baños de las estaciones de trenes.